Recordando a Joaquín Salvador Lavado Tejón, Quino, creador del mundo de Mafalda

By | 15 October, 2020

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Joaquín Salvador Lavado Tejón, Quino, nació en 1932 en Mendoza, Argentina. Mafalda también nació en Argentina, pero ahora es ciudadana del mundo, leída desde la Argentina, Italia a España – tan lejos como las barreras del lenguaje le permitan viajar.

Mafalda. Presentar a Mafalda, pensar en describirla en palabras que estén a su altura y a la de su creador, no es fácil. Sin embargo, inmediatamente al pensar en ella se me dibuja una sonrisa en la cara. Mafalda es sin duda una de las caricaturas más reconocidas e icónicas, su equivalente inglés siendo Snoopy de Peanuts. Es una nena de cinco años, al momento de su primera introducción al mundo editorial, tiene una increíble cabellera de pelo negro y una cabecita llena de ideas y preocupaciones. Mafalda detesta el militarismo, la corrupción y la sopa (entre muchas  otras cosas). Adora a sus amigos y padres, aunque mantiene un desdeño esquivo para con la falta de profesión de su madre, la falta de entusiasmo por temas públicos de su padre y también su abundancia de entusiasmo por las plantas. Mafalda y sus amigos también veneran a The Beatles y juegos tal como El Gobierno, donde claramente Mafalda juega el rol del presidente.

Mafalda, la tira de caricaturas, discute y atraviesa problemáticas mundiales a través de Mafalda y sus amigos, que debaten temas incluyendo la pobreza, las relaciones internacionales, la revolución industrial y tecnológica, la corrupción, destrucción ambiental, entre otros. Después de esta declaración, leer a Mafalda puede sonar como una tarea un tanto tediosa, pero la franqueza y ternura propia de niños discutiendo como lo harían los adultos (o más bien como los adultos jamás lo harían), sin filtros ni rodeos, es difícil de ignorar. Las caricaturas y el humor de Quino brillan por su simpleza y empatía atemporal. Vemos el mundo a través de los ojos de una niña que condena a la generación que la antecede, la de sus padres, por no actuar lo suficiente y que se preocupa porque están todos “fritos”, arruinados si eso es en lo que se convertirán cuando crezcan – he aquí el porqué de su odio a la sopa, que según los adultos la ayudará a crecer.

Publicada por primera vez un una época cuando un golpe de estado y la creciente violencia militar amenazaban a la Argentina, las cuestiones por las que Mafalda se pasa muchas noches sin dormir no son muy diferentes a las del país en el día de hoy y en los últimos años. El “juguete” preferido de Mafalda es un globo terráqueo, al que cuida tanto como Susanita cuida a su muñeca que grita “mamá” cuando se le aprieta la panza. Susanita, tal como los otros amigos de Mafalda, simboliza un carácter social. Susanita es gobernada por el deseo de tener hijos, Felipe es inteligente, fanático de la tecnología y de los comics, y sueña con convertirse en ingeniero. Manolito, hijo de inmigrantes españoles, es tal vez el más lejano a Mafalda – con una mente comercial, un tanto tonto e indiferente cuando de las cuestiones públicas se trata. A estos, los personajes originales, Quino luego agrega a la preferida de muchos Libertad, Miguelito y Guille, el hermano bebé de Mafalda. La riqueza en personajes da lugar a un humor astuto y eficaz que vuelve imposible que el lector no se enamore de Mafalda y sus amigos.

El legado que dejó Quino no cuenta sólo con la curiosa y afectuosa Mafalda, sino también con un conjunto de personajes que llenan nuestros corazones con una alegría un tanto agridulce. Quino también tuvo una influencia definitiva en el español de Argentina, introdujo frases que ahora son parte del habla del día a día como “¡otra vez sopa!” para expresar frustración para con una situación repetitiva. Si se describe a alguien como una Susanita, las aspiraciones de esa persona se detienen en la maternidad – aunque esta última se ve cada vez más caer en desuso.

Crecí en una familia tradicionalmente argentina. Mucho amor, primos y facturas. Mis abuelos, como los de muchos, eran nietos de inmigrantes europeos y mi apellido es sólo un tanto más italiano que el de mi mejor amiga es español. La importancia de los valores, justicia y honestidad fueron primordiales. Sin embargo, siempre estuvo presente un matiz naturalizado y descarado de desigualdad. Nuestro lenguaje siempre marmolado con palabras que hoy serían recibidas con un bofetazo; mi padre, como la mayoría, iba al trabajo mientras que mi madre, como la mayoría, se quedaba en casa cocinando y cuidándome, y las chicas crecíamos más preocupadas por encontrar novio que por cualquier otra cosa. Quino hizo lo suyo para demostrarle a una generación que esta era la norma para muchas familias del país y más allá, que éramos muchas las que estábamos destinadas a ser Susanitas, pero que no teníamos que serlo. La chispa de Mafalda creció con más y más fuerza e iluminó una luz de esperanza en la vida de muchos.  

Tal vez esta es una de las varias razones por las que las redes sociales se inundaron de mensajes diciéndole adiós a Quino cuando la noticia de su muerte arrulló al mundo el 30 de septiembre de este año. La década de los 70 para el resto del mundo simbolizó una época en la que las cosas iban mejorando, cuando se podía tener esperanza por un mundo mejor, pero en Argentina – un país en donde el aborto aun es ilegal, donde asesinatos y violaciones de niñas son demasiado frecuentes, y la corrupción y el capitalismo son eternos y crecen tan rápido como los incendios en el Amazonas – el ambiente político y la violencia militar de los años 70 calló a Quino: “Si no dejaba de pintar a Mafalda me pegaban un tiro.” Por suerte para nosotros, Mafalda es eterna, alguien que le presentaremos y leeremos a las generaciones siguientes con una que otra lágrima en los ojos y esperanzas de que los conmueva tanto como a nosotros.


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